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En cualquier época del año, el Monasterio de la Conversión de Becerril de Campos ofrece al visitante la belleza de la sencillez y la profundidad. Pero en este tiempo de Navidad cuando las hermanas agustinas renuevan totalmente la decoración de su casa para que lo exterior refleje de algún modo la alegría interior por el nacimiento de Jesús.

Por eso, los rincones más importantes del Monasterio cobijan algunos de los más importantes belenes que atesora la comunidad. A continuación compartimos algunas de las imágenes:

La comunidad religiosa despedirá 2010 y dará la bienvenida a 2011 celebrando la eucaristía el 31 de diciembre a las 23.00h, para así dar gracias a Dios por los bienes recibidos, pedir perdón por los males cometidos y suplicar sus bendiciones abundantes para el año nuevo que comienza.

En este tiempo de Navidad y a lo largo de todo el año, los vecinos y feligreses de Becerril deberían acercarse a este rincón de paz, oración y cordialidad que existe en medio de nuestro pueblo para enriquecerse de él.

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La mañana del sábado 18 de diciembre, a pesar del frío ambiental, provocó sudores en más de uno. Los chicos y chicas de los grupos de Confirmación y los recién confirmados se dieron cita a las 11 en la parroquia de santa Eugenia para montar el Belén, capitaneados por las hermanas Carmen y Marlene, del Monasterio de la Conversión.

Rápidamente los muchachos se dividieron en grupos para buscar todo lo necesario para el nacimiento: musgo, cortezas, tejas, paja, ramas, las figuras… incluso la rueda de un carro abandonado, que se encontró en una era, que con mucho esfuerzo y no poca dificultad se logró trasladar hasta la iglesia.

Los jóvenes mostraron su orgullo por el trabajo realizado posando para la imagen que encabeza esta entrada, y como recompensa, consiguieron uno de los privilegios más deseados de Becerril: subir a la torre de la iglesia y contemplar las vistas del pueblo a ojo de pájaro.

¡Ha sido una bella experiencia de trabajo en común, colaboración y amistad!

Se acerca la Navidad…

Se acercan los días entrañables de la Navidad: días de reencuentro familiar, de tradiciones compartidas, de recuerdos, de celebración alegre de la fe, de descanso…

Desde la parroquia de Becerril de Campos te proponemos tres gestos sencillos para cuidar y expresar públicamente, en la familia, nuestra fe: la bendición del Belén, la bendición de la mesa el día de Nochebuena y Navidad, y la bendición del árbol de Navidad.

1. Bendición del Belén

El pesebre, llamado también “Belén” o nacimiento, es uno de los símbolos más clásicos de la Navidad entre nosotros. Se dice que fue san Francisco de Asís quien, a principios del siglo XIII propagó esta iniciativa, para ayudar a entender el misterio entrañable del nacimiento del Hijo de Dios. El Belén presenta las figuras que, según el Evangelio, rodearon este acontecimiento: María y José, los ángeles, los pastores y los magos. Es un elemento de gran valor pedagógico que nos ayuda a recordar cómo Dios se ha hecho uno de nuestra familia de un modo sencillo y profundo.

Para bendecir el Belén que instalamos en nuestro hogar, podemos usar esta bendición del papa Pablo VI:

Oh Dios, Padre Santo,

que has amado tanto a los hombres

que les has enviado a tu Hijo Unigénito,

nacido de Tí antes de todos los siglos.

Dígnate bendecir este Belén

que será la alegría de esta familia cristiana.

Que estas imágenes del misterio de la encarnación

sostengan la fe de los padres y adultos,

reaviven la esperanza de los niños

y aumenten en todos el amor.

Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo querido,

que nos ha salvado con su muerte y resurrección,

y que ruega sin cesar por nosotros ante Tí. Amén.

2. Bendición del árbol de Navidad

Cuenta una tradición popular alemana como éste se remonta al siglo VIII, cuando el Obispo de Alemania, san Bonifacio, al volver de hablar con el Papa en Navidad, vio como los alemanes habían vuelto a su antigua idolatría. Pero al modo práctico, ya que se preparaban para celebrar el solsticio de invierno sacrificando a un hombre joven en el sagrado roble de Odín. Encendido por una ira santa, el obispo Bonifacio se puso a darle hachazos al dichoso roble sagrado. En el primer golpe del hacha, una fuerte ráfaga de viento derribó al instante el árbol. El pueblo sorprendido, reconoció con temor la mano de Dios en este evento y preguntó humildemente a Bonifacio cómo debían celebrar la Navidad. El Obispo se fijó en un pequeño abeto que milagrosamente había permanecido intacto junto a los restos y ramas rotas del roble caído. Lo vio como símbolo permanente del perenne amor de Dios, y lo adornó con manzanas –que simbolizaban las tentaciones– y velas –que representaban la luz de Cristo que viene a iluminar el mundo. Como estaba familiarizado con la costumbre popular de meter en las casas una planta de hoja perenne en invierno, pidió a todos que llevaran a casa un abeto.

Cuando coloquemos el árbol de Navidad en casa, podemos realizar esta oración de bendición:

Dios, Padre nuestro, fuente de la vida.

Tú has creado todo lo que existe:

la naturaleza y todos los seres vivos.

Hoy, en medio de la alegría de esta fiesta de Navidad.,

inauguramos este árbol,

que es un signo de la fuerza y la fecundidad

que Tú has puesto en nuestro mundo.

Este árbol nos invita a mirar hacia arriba, hacia Tí,

y al mismo tiempo nos recuerda que Tú,

al enviarnos a tu hijo Jesús,

has querido estar cerca de nosotros

y has echado raíces en nuestra tierra.

Estos días de Navidad celebramos que tu Hijo

ha venido a nacer aquí, en nuestro mundo

para llenarnos de luz, de gracia, de esperanza.

Dios, Padre nuestro, que la luz y la gracia de Jesús,

tu Hijo,  nos ilumine siempre. Amén.

3. Bendición de la mesa en Nochebuena y Navidad

Sugerimos preparar la mesa, en Nochebuena y Navidad, de un modo especial, con adornos y flores, y algún signo religioso. También podemos, antes de cenar, reunirnos ante el Nacimiento, recitar allí la oración de bendición, y después sentarnos en la mesa.

Puede ser una buena ocasión para expresar y celebrar la unión familiar a través de oraciones espontáneas, dar gracias a Dios por los nuevos miembros de la familia o recordar a aquellos que ya fallecieron, evocar acontecimientos significativos que han tenido lugar a lo largo del último año, etc…

Bendice, Señor, nuestra mesa de Nochebuena/Navidad.

En muchas casas, Señor, y a esta misma hora, estamos reunidos para cenar/comer en familia,

recordando la Buena Noticia: “Hoy en Belén os ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor“.

Hoy, Señor, te damos gracias por hacerte Palabra y Carne para todos.

Te pedimos que bendigas esta mesa y a esta familia reunida,

para que ella sea signo de lo que deseamos para el mundo:

que se convierta en una gran mesa y una gran familia.

Nos duelen muchas cosas del mundo en esta Navidad.

Todo lo ponemos sobre la mesa, que quiere ser tu cuna.

¡Que nuestra casa, Jesús recién nacido, sepa acogerte en los más necesitados!

¡Que nuestra casa, Jesús, y cada uno de nosotros, sepa acoger tu Palabra!

¡Que esta casa sea la casa y el hogar de todos!

Tú serás siempre bienvenido, Señor, a nuestra casa y a nuestros corazones.

Bendice a nuestra familia en Navidad. Amén.

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