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Érase una vez los clásicos ayunos cuaresmales: no comer dulces, renunciar a un juguete, dejar a un lado los cigarros o la comida favorita. Decir “no” a los pequeños placeres para dedicar el dinero ahorrado a los pobres. ¿Se trata de una ascesis que ya no sirve para el tercer milenio?

Hemos preguntado a algunos teólogos y religiosos, escritores y psicoterapeutas, por el sentido y la posible actualización de las penitencias cuaresmales. “Creo que toda práctica religiosa merece respeto. Suponen una disciplina que ayuda a la persona a poner los pies en el suelo y la fortifica”, en opinión del escritor Erri de Luca. “La ascesis nos ayuda a confrontarnos con nosotros mismos, con nuestros límites. La finalidad de las renuncias y mortificaciones es despejar el corazón para que pueda identificar más claramente lo esencial”.

Este proceso que es válido independientemente del hecho de ser creyente, transversal a las religiones y las culturas. Saberse controlar y limitar viene bien”, explica el teólogo Gennaro Matino. “Quien considera estas prácticas superadas se opone a un camino pedagógico propuesto por la Iglesia para la formación personal. En definitiva, las renuncias cuaresmales ayudan a madurar, hacen el corazón más libre para dilatarlo. La naturaleza bíblica de la renuncia no es el privarse, sino el probarse en un tiempo de desierto para fortalecerse y encontrar al otro”.

Posiblemente uno de los ámbitos más favorables a esta nueva ascesis es el de la comunicación digital: en 2009, la diócesis de Trento, en Italia, propuso a sus feligreses ayunar de Facebook, y la de Módena, Bari y Pesaro habían sugerido renunciar a los sms. También en 2009 un sondeo de la revista italiana Donna Moderna revelaba que el 46% de los entrevistados estaba dispuesto a no acceder a las redes sociales, mientras que el 18% afirmaba ser capaz de renunciar a los mensajes de texto.

Francesco Gesualdi ofrece otra motivación para el ayuno: “La austeridad es hoy una exigencia para la supervivencia de la sociedad. Nuestro exceso de consumo está llevando al planeta al colapso. Solamente una actitud permanente de renuncia, un replanteamiento de nuestro nivel de vida, puede garantizar un porvenir al mundo. Menos coches, más transporte público; menos productos globalizados, más productos locales; menos agua embotellada, más agua de grifo; menos comida precocinada y congelada, más tiempo en la cocina y productos de temporada; menos usar y tirar, más reciclaje”.

El psicoanalista Fulvio Scaparro está convencido de que  “renunciando a lo superfluo nos podemos concentrar mejor en lo que cuenta de verdad en la vida. La renuncia no es un fin en sí misma, sino la esencia de las elecciones pequeñas y grandes que se presentan cada día. Elegir significa recorrer un camino y renunciar a otros. Y esto se aprende desde niños, con pequeños gestos; los niños necesitan aprender a diferir en el tiempo algunos deseos y gratificaciones, porque forma parte del proceso de maduración tener bajo control los impulsos”.

Anna Oliverio Ferraris, profesora de Psicología del Desarrollo en la universidad de La Sapienza, de Roma, puntualiza: “Existen renuncias a la medida de los niños: son aquellas que encierran un aspecto positivo, por ejemplo, limitar las horas delante de la televisión, no aplazar una tarea desagradable sino realizarla pronto, echar una mano en las tareas domésticas…”.

Para la benedictina Benedetta Zorzi, “se trata de acciones asumidas conscientemente y, al mismo tiempo, signos personales, expresión de la alegría de dirigirse al encuentro de Dios. Cada uno sabrá si para esto debe privarse de un poco de comida, horas de sueño, conversaciones inútiles o distracciones, para ayudar a nuestras potencialidades a estar en equilibrio, de modo que, en vez de disiparnos y atomizarnos, nos conduzcan al fin verdadero para el que hemos sido creados. El entrenamiento, la ascesis, el freno, forman parte de la pedagogía de cualquier deseo”.

Por eso, esta Cuaresma, ¿por qué no renunciar a lo que no es esencial, para ser así un poco más libres?

Nota: ¿Qué dice la Iglesia sobre la abstinencia de carne los viernes de Cuaresma? ¿Y sobre el ayuno? ¿Y cómo viven el ayuno Cuaresmal algunos jóvenes?

 

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El Miércoles de Ceniza empieza la Cuaresma. En nuestra parroquia de Becerril de Campos habrá dos celebraciones de imposición de la ceniza: a las 5 de la tarde en el Monasterio de la Conversión, para niños y jóvenes, junto con sus padres, y a las 8 de la tarde en santa Eugenia para el público en general.

La ceniza es un signo penitencial muy antiguo que nos recuerda la fragilidad de la vida y nuestra pequeñez al tiempo que nos invita a la conversión. De hecho, al trazar una cruz sobre nuestra frente, el sacerdote nos exhorta con las siguientes palabras: ¡Conviértete y cree en el Evangelio!

La Cuaresma nos prepara para celebrar mejor la Pascua y por eso es un tiempo de penitencia. La Iglesia pone en nuestras manos algunos grandes instrumentos para poder llevar a cabo este camino de renovación y vuelta a lo esencial:

El ayuno: Hoy día muchas personas ayunan y se privan de todo tipo de alimentos por motivos estéticos, para guardar la línea; en este tiempo de Cuaresma estamos llamados a recuperar la motivación espiritual y evangélica del ayuno, practicado por el mismo Jesús en el desierto. Ayunar sirve para que experimentemos nuestra debilidad, al tiempo que nos ayuda a descubrir lo verdaderamente necesario y a solidarizarnos con quienes pasan hambre todos los días del año. La Iglesia propone el ayuno dos días: el miércoles de ceniza y el viernes santo. Obliga a los bautizados mayores de edad y hasta los 59 años cumplidos.

Abstinencia: Consiste en privarse de carne el miércoles de ceniza y los viernes de Cuaresma. Obliga a todos los bautizados a partir de los 14 años. Muchas personas, sabiamente, extienden la abstinencia, además de la carne,  a otros días y cosas, como por ejemplo abstenerse de ver televisión, de fumar, de usar Internet, de tomar café o postre… El sentido de dicha práctica es tratar de elevarnos de los deseos inmediatos y materiales hacia otros deseos de carácter espiritual y superior.

Oración: La Iglesia también nos exhorta a dedicar más tiempo al diálogo con Dios, como camino privilegiado para la purificación y la conversión. Es conveniente practicar los distintos tipos de oración: lectura de la Palabra de Dios, participación en la eucaristía, oración personal, adoración al Santísimo, rezo del Rosario…

Limosna: Compartir nuestros bienes con el necesitado es también una práctica penitencial enseñada por la Iglesia, que nos pide intensificarla durante este tiempo de Cuaresma. Los Santos Padres enseñan en sus escritos que el ayuno, la oración y la limosna han de ir unidos para ser eficaces. Muchas personas deciden hacer donativos a Cáritas, Manos Unidas, a un misionero, o regalar su tiempo como voluntarios. Visitar a enfermos o personas solas, ayudar a quien nos necesite… son prácticas que también nos ayudan a salir de nuestro egoísmo.

– Confesión: Acudir al sacramento del perdón está especialmente recomendado durante la Cuaresma, porque nos ayuda a volver a lo central de nuestra fe, que es el amor incondicional de Dios. El sacramento de la reconciliación nos perdona todos los pecados, y hace crecer nuestra vida espiritual.

Ejercicio del “Via Crucis”: En nuestra parroquia celebraremos el Vía Crucis todos los viernes de Cuaresma a las 7 de la tarde en el Monasterio de la Conversión. El Vía Crucis nos ayuda a contemplar  la pasión de Cristo para comprender y acoger su amor.

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