Hungría aprueba una Constitución pro vida que reconoce las raíces cristianas del país

El pasado 18 de abril entró en vigor una nueva Constitución en Hungría, aprobada por casi todas las fuerzas políticas presentes en el Parlamento (262 votos a favor y 44 en contra).

La nueva carta magna habla de Hungría como una nación “fundada sobre los valores cristianos“, y recuerda el papel crucial desempeñado por san Esteban en la historia del país, bajo cuyo mandato los pueblos magiares se convirtieron al cristianismo:  «Estamos orgullosos de que hace mil años nuestro rey  san Esteban haya fundado el estado húngaro sobre cimientos sólidos, haciendo de nuestro país parte de la Europa cristiana, y reconocemos el rol que el cristianismo ha tenido en la conservación de nuestra nación». Además, la Constitución consagra el valor de la vida, a proteger desde la concepción. Otro importante añadido es la promoción de la familia, entendida como la unión en matrimonio entre un hombre y una mujer.

La Unión Europea, tan democrática y respetuosa con las decisiones autónomas de los estados miembros, ha ejercido tremendas presiones durante el proceso de elaboración de la Constitución para que dichos “valores” fuesen eliminados del proyecto de carta magna, acusando a los húngaros de querer promover visiones discriminatorias y oscurantistas. Sin embargo, se ha demostrado que no existe en la Constitución húngara ninguna violación de los tratados y de la normativa comunitaria, y la Comisión Europea ha tenido que dar luz verde a la aprobación del texto, desoyendo las presiones constantes de los lobbys laicistas y feministas.

Tras la aprobación de la Constitución, se ha desencadenado el histerismo entre las élites europeas de Bruselas que tratan de promover el relativismo ético y una Europa sin raíces, lanzando todo tipo de acusaciones a las autoridades húngaras: homofobia, nacionalismo, discriminación, intolerancia, autoritarismo, fundamentalismo religioso, lejanía respecto a los verdaderos valores europeos…

Por si no bastara la osadía de los húngaros al aprobar una Constitución sin consultar o doblegarse a los dictados de los burócratas de Bruselas, la gota que ha colmado el vaso ha tenido lugar el pasado mes de mayo. El gobierno de Budapest ha puesto en marcha una campaña financiada con fondos europeos que tiene como objetivo favorecer la natalidad y luchar contra el aborto promoviendo la adopción de los niños. El lema de dicha campaña es: ¡Hadd Eljek! ¡Déjame vivir!

La Comisaria Europea de Justicia, la luxemburguesa Viviane Reding del Partido Popular Social Cristiano (-lo de cristiano es un decir-), ha dicho que la campaña “va contra de los valores europeos”.

En contra de los valores europeos…

De pronto, Viviane Reding ha dicho que los fondos de la Unión Europea no pueden usarse para campañas pro vida o contra el aborto: “esta iniciativa no está en la línea con los proyectos presentados por las autoridades húngaras para recibir fondos de Bruselas. Los estados miembros no pueden usar fondos comunitarios para hacer publicidad contra el aborto. Por eso la Unión Europea ha solicitado a Budapest la retirada de todos los carteles de la campaña, si no quiere sufrir sanciones financieras“. Y termina con una sutil amenaza: “Pondremos en marcha procedimientos para liquidar el acuerdo, y sacaremos las conclusiones oportunas, también en términos financieros“. Por si no se ha entendido aún, la eurodiputada socialista francesa Sylvie Guillaume lo deja bien claro: “Usar los fondos de la Unión Europea para promover campañas anto-aborto es un abuso, incompatible con los valores europeos”.

¿De dónde partieron las denuncias contra la campaña húngara?

El pasado 28 de mayo se celebró la Jornada Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, en la cual dos importantes lobbys abortistas, el European Women’s Lobby (EWL) y Planned Parenthood Federation European Network publicaron un comunicado de prensa en el cual se denunciaba la recién nacida Constitución húngara, que entrará en vigor el 1 de enero de 2012. Según estas organizaciones, la carta magna húngara es culpable de lesionar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Pero ¿qué dice en realidad la Constitución húngara que ponga tan furiosas a las feministas abortistas? El artículo denunciado es el segundo, que reza: “Todos los ciudadanos tienen derecho a la vida y a la dignidad humana. La vida del feto es un bien a proteger desde la concepción“. Eva Fager, vicepresidente del EWL, ha suplicado la intervención de Bruselas contra Budapest en estos términos: “Esperamos que la Unión Europea controle atentamente a cada uno de los estados miembros y actúe para asegurar el respeto de los derechos humanos de las mujeres, incluidos los sexuales“. Elisabeth Bennour, de la multinacional abortista Planned Parenthood, contrataca: “La respuesta a estos ataques debe venir de todos los que creen que las mujeres tienen un derecho inalienable al propio cuerpo, en una sociedad igualitaria, democrática y secular “.

En definitiva, lo sucedido en Hungría ha obligado a los vértices de la Unión Europea a quitarse la máscara: los verdaderos o presuntos derechos que se quieren promover son sólo los de las personas ya nacidas, y quien dicta la agenda política en Europa hoy es el feminismo radical, con las reivindicaciones libertarias del 68.

Curiosamente, los grandes medios de comunicación han guardado un sospechoso silencio sobre el caso, que hemos conocido sólo a través de algunas webs extranjeras y asociaciones civiles como Hazte Oír. En definitiva, todo esto lo tendremos presente en las próximas elecciones al Parlamento Europeo.

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