Los seres humanos tienen predisposición a creer en Dios y en la vida en el más allá. Es lo que dice un importante estudio de investigadores de Oxford, guiados por el filósofo Roger Trigg, catedrático en la universidad de Warwick (Reino Unido). El estudio, del que se han hecho eco importantes medios de comunicación (aquí, aquí y aquí), lleva por título “Proyecto de Cognición, Religión y Teología”, y ha contado con un presupuesto de 4 millones de libras esterlinas (4.500.000€). La conclusión más importante del mismo es que la psicología evolutiva determina que la fe en Dios es un impulso humano universal, que se encuentra en todas las culturas y está presente desde la más tierna infancia. Y mientras que la creencia en Dios se desarrolla de un modo natural y espontáneo, el ateísmo es una postura cultural y debe ser aprendida.

Según la investigación, que se ha prolongado durante los últimos tres años, existe en la mente humana una predisposición a ver el mundo y los fenómenos naturales según una finalidad, un diseño. «Esto significa que no se puede separar la religión de la vida pública», ha declarado a la BBC el co-director del proyecto, el antropólogo Justin Barrett, del Centro de Antropología y Mente de la universidad de Oxford.  El estudio ha implicado a 57 investigadores que han llevado a cabo 40 investigaciones en 20 países, examinando tanto sociedades religiosas como sin Dios.

Los estudiosos han descubierto que en la primera infancia es claramente natural pensar en modo religioso, «como por ejemplo creer en la omnisciencia de Dios». Como es lógico, la investigación no dice nada sobre la existencia de Dios: «el hecho de que sea más fácil pensar de un modo determinado no significa que esto sea verdadero. Sin embargo, podemos concluir que las personas relacionadas por los vínculos religiosos podrían ser más propensas a colaborar como sociedad». Es fácil, no obstante, añadir la hipótesis que el propio Trigg adelanta: «Las personas religiosas ahora podrán decir: “Si existe Dios, él nos habría creado con una inclinación a buscarlo».

Seguramente, continúa el filósofo, este estudio «tiene profundas implicaciones para la libertad religiosa. Si hay algo que está tan profundamente radicado en en la naturaleza humana, no es posible no permitir al hombre satisfacer sus necesidades básicas. La religión es mucho más universal, prevalente y enraizada de lo que pensamos. No se puede simplemente hacer como si no existiera». Finalmente, ha terminado criticando a los críticos de la secularización: «La tesis de la secularización creo que carece de esperanza».

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