Un amigo sacerdote que conocí en Roma tiene un excelente blog, que consulto todos los días. El blog se llama “Todo era bueno”. Sobran las alabanzas al blog y las visitas que ha tenido lo dicen todo: más de 380.000.

Pues bien, este amigo ha colgado en el blog una entrada provocadora titulada “Religión laica”. Y es que lo políticamente correcto no sólo se está convirtiendo en una dictadura que nos obliga a hablar de unas cosas y a callar acerca de otras, sino que este pensamiento único presenta además graves incoherencias.

Por ejemplo, la decisión gubernamental de mostrar en las cajetillas de tabaco imágenes de dientes podridos, bocas tumefactas, pulmones ennegrecidos, tumores y demás maldades del horrendo vicio de fumar. Según la nueva religión laica, del buen rollito ecológico y la alianza de civilizaciones guay-del-Paraguay, fumar es lo peor de lo peor que un ciudadano moderno puede hacer, y el que decida comprar una cajetilla de tabaco está obligado por ley a saber, incluso a través de imágenes, lo que le está haciendo a su cuerpo.

Pero mirad por dónde que más o menos el mismo día que entraba en vigor dicha medida, sucedía en Francia algo paradójico: a un profesor de secundaria, Philip Isnard, se le ocurrió organizar con sus alumnos un debate sobre el aborto, con posturas a favor y en contra. A los alumnos que debían defender las posturas pro-vida, el profesor proporcionó imágenes reales de abortos.

Pues a este profesor que tuvo la osadía de mostrar realmente a sus alumnos lo que es el aborto… le han despedido.

¿Las razones? “Haber puesto en peligro a los alumnos, no haber respetado la neutralidad de la enseñanza, haber hecho proselitismo y haber provocado desórdenes graves en el Instituto”. Al parecer, la única asociación que tiene derecho a hablar libremente de educación sexual en los colegios de Francia es Planning Familial, naturalmente favorable al aborto.

Pues eso: fotos de dientes podridos sí. Fotos de fetos destrozados no. Pero entonces, ¿debemos o no debemos mostrar la realidad de los hechos y la consecuencia de las decisiones individuales? ¿Debemos o no debemos “asustar” a la gente para tratar de educarles? Son las incoherencias de la religión laica.

Y concluye “Todo era bueno”: “¡Cuánto más resplandece la humanidad y la racionalidad del catolicismo ante estas incongruencias!”.

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