El pasado fin de semana tuvo lugar en Carrión de los Condes, en el albergue parroquial de peregrinos, la primera convivencia de los jóvenes de la parroquia de Becerril de Campos, en la que participaron chicos de los grupos de confirmación y postconfirmación.

El fin de semana ha sido intenso en experiencias y actividades. El lema de la convivencia ha sido “Firmes en la Fe”, y el leit-motiv de estos tres días ha sido la vocación.

El viernes por la tarde, después de acomodarse, los jóvenes recorrieron Carrión para conocer su rincones más especiales. Tras la cena, disfrutaron viendo la película Hancock, cuyo protagonista es un superhéroe que no acaba de aceptar sus cualidades.

Tras una nochecita toledana, la mañana del sábado  se dedicó a reflexionar sobre la propia vocación a la vida, recorriendo por grupos un tramo del Camino de Santiago, desde Carrión a Villalcázar de Sirga.

La tarde fue variada: después de reflexionar sobre la vocación cristiana o experiencia de encuentro con Jesús, los jóvenes que lo desearon pudieron celebrar el sacramento de la reconciliación, y tener a continuación un momento de paseo por Carrión.

Una divertidísima velada ocupó toda la noche del sábado; en ella tuvieron lugar juegos, bromas, bailes y cantos variados.

La noche del sábado al domingo, además de dormir una hora menos por el cambio de hora, fue nuevamente una nochecita toledana. Y eso pasó factura el domingo por la mañana, momento en el que tuvo lugar la última charla, sobre las distintas vocaciones en la Iglesia. El grupo tuvo el privilegio de recibir la visita de tres personas que compartieron su testimonio de vida y de vocación: Cecilia Presa, casada, Abel Pagán, seminarista de Palencia, y Diana, religiosa del Monasterio de la Conversión. Se trató de testimonios muy impactantes y personales, llamados sin duda a dejar una huella profunda y duradera.

La mañana se cerró con la celebración de la eucaristía, que recogió desde la fe los momentos más intensos de la convivencia. En dicha eucaristía los jóvenes recibieron el decenario de la unidad, que simboliza la unidad que están llamados a cultivar en el grupo y con Jesús. En la eucaristía, así como en la comida final, tomaron parte algunas familias que vinieron a acompañar a sus hijos.

Se trató, en definitiva, de una buena oportunidad de profundizar la fe, la amistad y de crecer como personas.

Si haces clic aquí puedes visualizar algunas de las imágenes de esta convivencia.

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