El Miércoles de Ceniza empieza la Cuaresma. En nuestra parroquia de Becerril de Campos habrá dos celebraciones de imposición de la ceniza: a las 5 de la tarde en el Monasterio de la Conversión, para niños y jóvenes, junto con sus padres, y a las 8 de la tarde en santa Eugenia para el público en general.

La ceniza es un signo penitencial muy antiguo que nos recuerda la fragilidad de la vida y nuestra pequeñez al tiempo que nos invita a la conversión. De hecho, al trazar una cruz sobre nuestra frente, el sacerdote nos exhorta con las siguientes palabras: ¡Conviértete y cree en el Evangelio!

La Cuaresma nos prepara para celebrar mejor la Pascua y por eso es un tiempo de penitencia. La Iglesia pone en nuestras manos algunos grandes instrumentos para poder llevar a cabo este camino de renovación y vuelta a lo esencial:

El ayuno: Hoy día muchas personas ayunan y se privan de todo tipo de alimentos por motivos estéticos, para guardar la línea; en este tiempo de Cuaresma estamos llamados a recuperar la motivación espiritual y evangélica del ayuno, practicado por el mismo Jesús en el desierto. Ayunar sirve para que experimentemos nuestra debilidad, al tiempo que nos ayuda a descubrir lo verdaderamente necesario y a solidarizarnos con quienes pasan hambre todos los días del año. La Iglesia propone el ayuno dos días: el miércoles de ceniza y el viernes santo. Obliga a los bautizados mayores de edad y hasta los 59 años cumplidos.

Abstinencia: Consiste en privarse de carne el miércoles de ceniza y los viernes de Cuaresma. Obliga a todos los bautizados a partir de los 14 años. Muchas personas, sabiamente, extienden la abstinencia, además de la carne,  a otros días y cosas, como por ejemplo abstenerse de ver televisión, de fumar, de usar Internet, de tomar café o postre… El sentido de dicha práctica es tratar de elevarnos de los deseos inmediatos y materiales hacia otros deseos de carácter espiritual y superior.

Oración: La Iglesia también nos exhorta a dedicar más tiempo al diálogo con Dios, como camino privilegiado para la purificación y la conversión. Es conveniente practicar los distintos tipos de oración: lectura de la Palabra de Dios, participación en la eucaristía, oración personal, adoración al Santísimo, rezo del Rosario…

Limosna: Compartir nuestros bienes con el necesitado es también una práctica penitencial enseñada por la Iglesia, que nos pide intensificarla durante este tiempo de Cuaresma. Los Santos Padres enseñan en sus escritos que el ayuno, la oración y la limosna han de ir unidos para ser eficaces. Muchas personas deciden hacer donativos a Cáritas, Manos Unidas, a un misionero, o regalar su tiempo como voluntarios. Visitar a enfermos o personas solas, ayudar a quien nos necesite… son prácticas que también nos ayudan a salir de nuestro egoísmo.

– Confesión: Acudir al sacramento del perdón está especialmente recomendado durante la Cuaresma, porque nos ayuda a volver a lo central de nuestra fe, que es el amor incondicional de Dios. El sacramento de la reconciliación nos perdona todos los pecados, y hace crecer nuestra vida espiritual.

Ejercicio del “Via Crucis”: En nuestra parroquia celebraremos el Vía Crucis todos los viernes de Cuaresma a las 7 de la tarde en el Monasterio de la Conversión. El Vía Crucis nos ayuda a contemplar  la pasión de Cristo para comprender y acoger su amor.

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