En los últimos días dos importantes noticias han surcado veloces el firmamento informativo, sin recibir la necesaria atención o reflexión desde ámbitos seculares o eclesiales. Me refiero a la noticia publicada el viernes por el Osservatore Romano y luego rebotada por las restantes agencias informativas según la cual el número de sacerdotes ha aumentado en 2009 un 1,4%, sumando un total de 410.593, 809 más que el año anterior.

Al mismo tiempo recibíamos la noticia de la celebración de una eucaristía de acción de gracias en la catedral de Burgos por el nacimiento de una nueva orden religiosa, llamada “Iesu Communio“. Hasta el pasado diciembre eran clarisas y vivían en Lerma (Burgos). Con el paso de los años, el monasterio se fue poblando con abundantes nuevas vocaciones, lo cual obligó a las religiosas a habilitar otro monasterio capaz de albergar a sus 181 hermanas, en La Aguilera (Aranda de Duero). Fundadas por la hermana Verónica Berzosa, el nuevo instituto religioso se dedicará principalmente a la evangelización de los jóvenes y la nueva evangelización, como ha pedido Benedicto XVI.

En nuestro pueblo tenemos, a pequeña escala, un ejemplo de los que estamos diciendo: el Monasterio de la Conversión, formado por 26 hermanas, con una media de edad de 35 años. De profunda vida contemplativa y espíritu apostólico, están presentes en el Camino de Santiago realizando una fabulosa tarea de acogida cristiana a los peregrinos, y en nuestra parroquia, implicadas en diversas actividades pastorales.

¿Se trata de excepciones? ¿O revelan que ciertos tipos de vida religiosa, ciertas propuestas vocacionales, ciertos ambientes eclesiales y formas de vida cristiana, atraen y producen resultados, y otros no? ¿Ha llegado a su fin la crisis vocacional, la crisis de identidad sacerdotal y religiosa?

Son datos, son preguntas. A mí me hacen pensar…

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