No cabe la menor duda de que Dios suscita en cada momento de la historia los carismas más necesario para ese momento. Uno de los ejemplos más claros de esto es el caso de san Juan Bosco. Nacido a principios del siglo XIX en Turín, san Juan Bosco fue testigo de los estragos sociales que estaba causando la revolución industrial. Trabajo infantil, grandes masas explotadas en jornadas laborales de sol a sol, analfabetismo, falta de perspectivas, emigración del campo a la ciudad…

Apenas ordenado sacerdote, con 26 años, fue destinado a ampliar sus estudios, tarea que compaginaba con algunos servicios pastorales en parroquias del extrarradio de Turín, lo cual le permitió entrar en contacto y conocer la realidad de la juventud en su tiempo. Por aquél entonces, había en la capital de Piamonte 7148 niños menores de 10 años empleados como constructores, sastres, carpinteros, pintores, limpiadores de chimeneas, y muchos otros oficios. Se trataba de la revolución industrial que comenzaba a dar sus frutos y los obreros tenían que trabajar hasta 14 horas por salarios de máximo 30 liras al semestre. Por su parte, las cárceles turineses estaban atestadas de muchachos tan jóvenes como 12 años en condiciones de hacinamiento. El joven sacerdote de origen campesino se dejó pronto impresionar por esta realidad con la que él mismo se identificaba y rechazó numerosas ofertas que le hubieran podido garantizar una vida de bienestar y tranquilidad entre la burguesia de la ciudad.

En una ocasión don Bosco fue a celebrar la eucaristía a una parroquia y sorprendió al sacristán maltratando a un monaguillo porque no sabía ayudar bien en misa. Defendido por Don Bosco, el muchacho le confesó que no había recibido la Primera Comunión, que no conocía el catecismo y que era pobre y abandonado. Después de la Misa, Don Bosco le dio las primeras lecciones de catecismo y al siguiente domingo el niño regresó con 20 muchachos que llegaron a ser 80 unos meses después. Fue el inicio de una experiencia pionera y revolucionaria: el Oratorio de don Bosco, un lugar donde los niños estaban a salvo, recibían educación, formación religiosa y se divertían con el deporte, el arte y la música. A pesar de todas las dificultades y persecuciones, siguió adelante con la idea. Para ello fundó también una nueva congregación, los salesianos, que están extendidos actualmente por 130 países. En Palencia se encuentran el Villamuriel de cerrato y en Astudillo.

A los 72 años, en 1888, muere don Bosco, y en 1934 fue declarado santo y patrono de la juventud. Le pedimos que vele y proteja también a los jóvenes de Becerril, y que suscite apóstoles que se entreguen a los jóvenes de nuestro tiempo.

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