Hace algunos años se recuperó del olvido una de las fiestas más tradicionales del invierno en Becerril de Campos: la festividad de san Antón. Se trata de una de las celebraciones con más poder de convocatoria a lo largo del año en nuestra villa, en la que lo religioso, lo tradicional y lo gastronómico se unen para crear una jornada de convivencia, fraternidad y enaltecimiento de nuestras raíces y tradiciones.

La jornada comenzó con la eucaristía en honor a san Antonio abad, cuya hermosa talla, trasladada desde el museo de santa María, presidió ante el altar mayor la eucaristía. En la homilia los asistentes tuvieron la ocasión de conocer detalles de la vida del santo, fundador de la vida monástica. Curiosamente, la costumbre de matar al cerdo el día de san Antón tiene un fundamento histórico: en el siglo XIV, la orden religiosa de san Antonio, dedicada al cuidado de los enfermos, soltaba algunos cerdos por las calles de las ciudades para que la población los alimentase y que su carne sirviese para dar de comer a los enfermos, o bien utilizar el importe de la venta para los gastos de mantenimiento de los hospitales regentados por estos frailes. Dichos cerdos eran sacrificados precisamente el día 17 de enero, fiesta de san Antonio, y paseados por las ciudades en medio el regocijo popular.

Al finalizar la eucaristía, en la que se presentaron como ofrendas, junto al pan y al vino, un plato de jijas y de morcilla, se procedió a la procesión. San Antón dio de este modo una vuelta a la plaza, al son de la dulzaina. Finalmente los animales recibieron la bendición, mientras el coro amenizaba el momento con diversos cantos religiosos y folclóricos.

Después de la bendición de los animales, el pueblo reunido en la plaza esperaba impaciente la llegada del cerdo, que había sido sacrificado en una casa particular y que sería chamuscado y abierto en canal a la vista de lugareños y turistas. El proceso tradicional fue amenizado por el grupo de danzas de la Diputación de Palencia, al que siguieron un grupo de voluntariosos becerrileños. Durante ese tiempo se rifaron dos cerdos, uno por parte de la asociación de amas de casa Santa María y otro por una la peña “Ya está acá”, una de las organizadoras de la jornada.

Los presentes pudieron degustar también algunos productos típicos de estas fechas, como castañas asadas, jijas, morcilla, pastas y orujo. Cabe destacar la generosa participación de aquellos que han dedicado su tiempo y cualidades para que esta fiesta haya sido una ocasión de encuentro, alegría y compartir. En medio del duro invierno castellano, son de agradecer estos momentos de descanso, celebración y amistad.

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