El mes de noviembre, en la tradición católica,  representa tradicionalmente un tiempo de oración    intensa por los fieles difuntos. Así también lo estamos  viviendo en la parroquia de Becerril.

El día de Todos los Santos se celebró la eucaristía en el  camposanto, en el que rezamos por todos los difuntos  fallecidos en el último año, 22 en total, con asistencia  de un gran número de vecinos e hijos del pueblo.

Al día siguiente, 2 de noviembre, dimos comienzo a la  novena de oración por los Fieles Difuntos, antes de la  eucaristía, con el rezo del rosario y una intercesión  especial por nuestros seres queridos que ya murieron.  Esta novena, con gran participación popular, ha  terminado el 10 de noviembre.

¿Qué sabemos de la vida más allá de la muerte? Nada  por experiencia propia, puesto que ni hemos pasado  por la muerte ni nadie ha venido a contarnos en qué  consiste la vida más allá de su umbral misterioso.

Para el cristianismo, existe sólo una vida, y la muerte separa la parte espiritual del hombre, o alma, de su cuerpo. Tras la muerte, nuestro cuerpo material se descompone, y el alma, compuesta por nuestras experiencias, nuestra personalidad, nuestras emociones, pensamientos y libertad, sigue viva. Nuestra alma ha sido creada por Dios y es inmortal, y más allá de la muerte seguirá su camino para encontrare a Dios y ser sometida a su juicio de amor.

Si tras la muerte estamos preparados, podemos entrar y ver a Dios cara a cara en el Paraíso. Pero si hemos rechazado a Dios, si hemos elegido libremente permanecer lejos de él, Dios nos respeta y no nos obliga a vivir con él. Esto es lo que tradicionalmente conocemos como el Infierno, una vida voluntariamente alejada de Dios (no un castigo, como a menudo hemos pensado o se ha enseñado). Y en tercer lugar, si necesitamos aún un poco de tiempo para aprender a amar, está el Purgatorio, que es una especie de clases particulares o clases de refuerzo. Nuestra oración por los difuntos y la intercesión por ellos es para ayudarlos en este proceso de purificación.

Terminamos con estas hermosas palabras del gran José Luis Martín Descalzo, que se refería a la muerte en su testamento de este modo:

«Y entonces vio la luz. La luz que entraba
por todas las ventanas de su vida.
Vio que el dolor precipitó la huida
y entendió que la muerte ya no estaba.

Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.

Acabar de llorar y hacer preguntas;
ver al Amor sin enigmas ni espejos;
descansar de vivir en la ternura;
tener la paz, la luz, la casa juntas
y hallar, dejando los dolores lejos,
la Noche-luz tras tanta noche oscura».

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